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<channel><title><![CDATA[Semillas para la Vida - Diario de una Catarsis]]></title><link><![CDATA[https://www.semillasparalavida.org/diario]]></link><description><![CDATA[Diario de una Catarsis]]></description><pubDate>Wed, 22 Apr 2026 07:53:36 -0700</pubDate><generator>Weebly</generator><item><title><![CDATA[Me Invade un Profundo Temor]]></title><link><![CDATA[https://www.semillasparalavida.org/diario/me-invade-un-profundo-temor]]></link><comments><![CDATA[https://www.semillasparalavida.org/diario/me-invade-un-profundo-temor#comments]]></comments><pubDate>Mon, 02 Mar 2026 08:00:00 GMT</pubDate><category><![CDATA[Uncategorized]]></category><guid isPermaLink="false">https://www.semillasparalavida.org/diario/me-invade-un-profundo-temor</guid><description><![CDATA[Amanece y noto que la mejor&iacute;a es muy leve. Decido reiniciar mi trabajo y as&iacute; lo hago saber a mis compa&ntilde;eros, no sin antes agradecer el apoyo que me dieron jueves y viernes cubriendo mis actividades, que las encuentro al d&iacute;a. No me han dejado pendientes. Tener buenos compa&ntilde;eros de trabajo es una bendici&oacute;n y algo que no se ve en todos lados.A las 12 hago una breve pausa y me ocupo de un pendiente pastoral, pero titubeando: reservo mis vuelos y mi hospedaje [...] ]]></description><content:encoded><![CDATA[<div class="paragraph">Amanece y noto que la mejor&iacute;a es muy leve. Decido reiniciar mi trabajo y as&iacute; lo hago saber a mis compa&ntilde;eros, no sin antes agradecer el apoyo que me dieron jueves y viernes cubriendo mis actividades, que las encuentro al d&iacute;a. No me han dejado pendientes. Tener buenos compa&ntilde;eros de trabajo es una bendici&oacute;n y algo que no se ve en todos lados.<br /><br />A las 12 hago una breve pausa y me ocupo de un pendiente pastoral, pero titubeando: reservo mis vuelos y mi hospedaje para el tercer fin de semana de este mes. He sido invitado a impartir un taller sobre las liturgias de la Semana Santa en Las Vegas. Realizada la reservaci&oacute;n, me pregunto si no tendr&eacute; que cancelar el evento y, antes de realizar el pago, decido comprar un seguro de $85 que me garantiza rembolso total en caso de cancelaci&oacute;n por cualquier motivo.<br /><br />Contin&uacute;o realizando mi trabajo, pero el dolor va en aumento y termino por claudicar alrededor de la 1:30.<br /><br />A eso de las 5, pensando en mi recuperaci&oacute;n, tomo la larga documentaci&oacute;n que me entregaron en el hospital al darme de alta y por fin la leo con cuidado. Ah&iacute; me entero de cada medicina que me administraron y de cada estudio que realizaron. Leo con detenimiento las indicaciones del doctor que encabez&oacute; mis cuidados y reparo en el hecho de que me incluye una referencia para pedir cita con un cirujano.<br /><br />Recuerdo entonces que, todav&iacute;a bajo el efecto del fentanilo, el galeno me hab&iacute;a indicado ver a un cirujano, justamente. Recuerdo tambi&eacute;n que me pregunt&oacute; si conoc&iacute;a yo alguno y, ante mi negativa, me dijo que me dar&iacute;a una referencia para que pudiera pedir una consulta. Y recuerdo que le pregunt&eacute; si ten&iacute;a que consultar a alg&uacute;n especialista en particular y me respondi&oacute; que bastaba con ver a un cirujano.<br /><br />Es entonces cuando me doy cuenta de que el panorama quiz&aacute;s no sea tan alentador. Consultar un cirujano implica hablar de una posible cirug&iacute;a.<br /><br />Inquieto, me pongo a investigar en la referencia m&eacute;dica de m&aacute;s alta reputaci&oacute;n, The Lancet, acerca de mi enfermedad. Encuentro un art&iacute;culo cient&iacute;fico que indica, tras estudios estad&iacute;sticos, que el tratamiento con m&aacute;s probabilidad de &eacute;xito es la cirug&iacute;a, en tanto que los pacientes que son atendidos con medicamentos y dietas especiales suelen tardar mucho en sanar y, varios de ellos, terminan siendo intervenidos de todas formas.<br /><br />Eso no me agrada. Si las inyecciones me aterran, no se diga una cirug&iacute;a, con todos los riesgos que conllevan. Para m&iacute;, adem&aacute;s, con mi problema con los anest&eacute;sicos, que mi organismo descarta con una velocidad poco com&uacute;n, resultan m&aacute;s riesgosas.<br /><br />Tal vez sea un error, pero los nervios me han invadido y decido continuar mi investigaci&oacute;n, adentr&aacute;ndome en los detalles de la susodicha cirug&iacute;a. Conforme m&aacute;s leo, m&aacute;s inquieto me siento. Comienzo a sentir un cosquilleo entre la nariz y el labio superior y fr&iacute;o en el cuerpo. Los s&iacute;ntomas cl&aacute;sicos que me sobrevienen justo antes de desmayarme.<br /><br />Me echo atr&aacute;s en el sill&oacute;n y comienzo a respirar hondo, intentando serenarme.<br /><br />Al mismo tiempo, el dolor se ha vuelto intolerable. Quiz&aacute;s me duele m&aacute;s todav&iacute;a que cuando ingres&eacute; al hospital. Opto por hacer lo que m&aacute;s detesto: meterme en la cama. No solo no cabe en mi mente perder el tiempo de d&iacute;a metido en una cama. Adem&aacute;s, en este caso, es casi imposible encontrar una postura en que no me duela mucho. Pero el malestar general no me permite tampoco quedarme ya sentado.<br /><br />Adem&aacute;s, me ha invadido un profundo sentimiento de angustia. Por primera vez, desde que era ni&ntilde;o, siento ganas de llorar por el dolor. Eso jam&aacute;s hab&iacute;a sucedido en mi vida de adolescente y, menos, de adulto.<br /><br />La &uacute;ltima vez que miro el reloj, son las 8:30. Faltan dos horas para una de mis medicinas y tres para la &uacute;ltima del d&iacute;a, as&iacute; que le pido a Echo que me avise a sus debidos tiempos. Me quedo dormido.<br /><br />M&aacute;s tarde, me despierta mi esposa y me dice que debo tomar mi medicina. Mi mente no registra que tenga que tomar medicamento alguno justo al amanecer. La habitaci&oacute;n est&aacute; oscura y creo estar despertando en la madrugada.<br /><br />&mdash;&iexcl;Qu&eacute; bueno! &mdash;pienso. &mdash;Se ha terminado el suplicio que me resulta cada noche y esta vez ni cuenta me he dado de c&oacute;mo transcurri&oacute;.&nbsp;<br /><br />Pero no es de madrugada, son las 11 de la noche apenas. Solo he dormido 90 minutos.&nbsp;<br /><br />Decepcionado y con mucho esfuerzo, bajo a la cocina y tomo mis dos medicinas juntas. Una de ellas produce al instante una sensaci&oacute;n de amargura en el es&oacute;fago y en la boca, tan intensa, que provoca na&uacute;seas al extremo. La primera vez que la tom&eacute;, estuve a punto de devolver todo. Record&eacute; que en alg&uacute;n lugar hab&iacute;a le&iacute;do que mascar un chicle de menta ayuda a eliminar la n&aacute;usea. Y en efecto, me la quit&oacute; casi al instante. Ahora, no tomo esa medicina sin mascar un chicle de menta de inmediato. Aunque la misma medicina deja un resabio met&aacute;lico, este se aminora con el sabor de la menta y as&iacute;, la medicina es m&aacute;s llevadera.<br /><br />Me siento a escribirte, querido diario, sintiendo de nuevo esa profunda angustia. No notar mejor&iacute;a alguna, sentir preocupaci&oacute;n de no sanar a tiempo para ir a Las Vegas y cumplir con mi compromiso y el temor de la posible cirug&iacute;a, me sobrepasan. Yo mismo me sorprendo de sentirme as&iacute;.&nbsp;<br /><br />Pienso entonces que tal vez sea bueno llamar ma&ntilde;ana al Padre Peter y pedirle que venga verme y me d&eacute; la unci&oacute;n de los enfermos. Con esta idea en mente, vuelvo a la cama esperando, como cada noche, que esta no resulte tan dificultosa como las anteriores.</div>]]></content:encoded></item><item><title><![CDATA[Domingo sin Misa]]></title><link><![CDATA[https://www.semillasparalavida.org/diario/domingo-sin-misa]]></link><comments><![CDATA[https://www.semillasparalavida.org/diario/domingo-sin-misa#comments]]></comments><pubDate>Sun, 01 Mar 2026 08:00:00 GMT</pubDate><category><![CDATA[Uncategorized]]></category><guid isPermaLink="false">https://www.semillasparalavida.org/diario/domingo-sin-misa</guid><description><![CDATA[Querido Diario:Ya es domingo y no siento mejor&iacute;a alguna todav&iacute;a. La noche fue terrible. Por lo mismo, no puedo asistir a Misa este d&iacute;a. Es un domingo especial, la Transfiguraci&oacute;n del segundo domingo de Cuaresma.Mi esposa tiene ilusi&oacute;n de que venga con ellos a Misa, seguramente para pedir al sacerdote al final que nos d&eacute; una bendici&oacute;n, pues nuestro aniversario fue el viernes y lo pasamos en el hospital. Ya son 27 a&ntilde;os. &iquest;Cu&aacute;ntos [...] ]]></description><content:encoded><![CDATA[<div class="paragraph">Querido Diario:<br /><br />Ya es domingo y no siento mejor&iacute;a alguna todav&iacute;a. La noche fue terrible. Por lo mismo, no puedo asistir a Misa este d&iacute;a. Es un domingo especial, la Transfiguraci&oacute;n del segundo domingo de Cuaresma.<br /><br />Mi esposa tiene ilusi&oacute;n de que venga con ellos a Misa, seguramente para pedir al sacerdote al final que nos d&eacute; una bendici&oacute;n, pues nuestro aniversario fue el viernes y lo pasamos en el hospital. Ya son 27 a&ntilde;os. &iquest;Cu&aacute;ntos m&aacute;s nos quedar&aacute;n?<br /><br />Nuestros hijos ten&iacute;an la ilusi&oacute;n de invitarnos a cenar a un restaurante desde el viernes, pero ha sido imposible. As&iacute; que lo resuelven yendo a Olive Garden y traen los platillos a casa para celebrar. Tardan en servirles y cuando llegan a casa, se mueren de hambre ellos y su mam&aacute;.&nbsp;<br /><br />A m&iacute; me cuesta moverme. Siendo una comida de aniversario, me pongo un blazer. Quiero tomar una foto pero el hambre de los dem&aacute;s se ha convertido ya en mal humor y no les agrada tener que esperar a que encuentre mi tel&eacute;fono. Los tres comen de prisa y sin conversar. El festejo se ha convertido en una comida para matar el hambre. Yo siento como si una basurita se hubiera metido en mi &aacute;nimo. Pero bueno, as&iacute; es la vida familiar y celebrar un aniversario pretendiendo desterrarla es imposible.<br /><br />Paso la tarde una vez m&aacute;s desperdici&aacute;ndola viendo la TV. En realidad, ni la miro. Solo reposo en un sill&oacute;n intentando encontrar la postura en que el dolor sea menor.<br /><br />Espero que esta noche sea mejor y que ma&ntilde;ana pueda volver a trabajar, aunque lo har&eacute; sin duda, desde la casa. Todav&iacute;a no puedo conducir ni creo aguantar el largo trayecto en posici&oacute;n sedente.</div>]]></content:encoded></item><item><title><![CDATA[Convaleciendo en Casa]]></title><link><![CDATA[https://www.semillasparalavida.org/diario/convaleciendo-en-casa]]></link><comments><![CDATA[https://www.semillasparalavida.org/diario/convaleciendo-en-casa#comments]]></comments><pubDate>Sun, 01 Mar 2026 06:59:30 GMT</pubDate><category><![CDATA[Uncategorized]]></category><guid isPermaLink="false">https://www.semillasparalavida.org/diario/convaleciendo-en-casa</guid><description><![CDATA[Querido Diario:Algo bueno traen consigo las enfermedades. Nos ayudan a recordar que hay gente buena. Esos que apenas se enteran de que est&aacute; alguien enfermo y al instante se hacen presentes expresando su preocupaci&oacute;n y su cari&ntilde;o.No llevaba una hora en el hospital y ya hab&iacute;a recibido dos mensajes. Con las horas, fueron m&aacute;s. No hay forma de pagar tanto cari&ntilde;o m&aacute;s que correspondi&eacute;ndolo. Creo que quienes me lo han mostrado, tambi&eacute;n lo han [...] ]]></description><content:encoded><![CDATA[<div class="paragraph">Querido Diario:<br /><br />Algo bueno traen consigo las enfermedades. Nos ayudan a recordar que hay gente buena. Esos que apenas se enteran de que est&aacute; alguien enfermo y al instante se hacen presentes expresando su preocupaci&oacute;n y su cari&ntilde;o.<br /><br />No llevaba una hora en el hospital y ya hab&iacute;a recibido dos mensajes. Con las horas, fueron m&aacute;s. No hay forma de pagar tanto cari&ntilde;o m&aacute;s que correspondi&eacute;ndolo. Creo que quienes me lo han mostrado, tambi&eacute;n lo han sentido de parte m&iacute;a con el tiempo.<br /><br />La convalecencia en casa me est&aacute; resultando extra&ntilde;a. El descanso forzado me est&aacute; sacando por completo de mi realidad cotidiana. Pasar el d&iacute;a viendo la televisi&oacute;n me resulta algo tan extra&ntilde;o a estas alturas de mi vida, que incluso me aburre demasiado pronto. Preferir&iacute;a estar haciendo lo que m&aacute;s me gusta, pero me es imposible por ahora.<br /><br />Hoy recib&iacute; las primeras copias impresas de mi nuevo libro sobre la Cuaresma. Siempre es emocionante tomar un libro nuevo entre las manos, hojearlo y percibir su fresco aroma a tinta y a papel. Es un placer que pocos podemos gozar y tambi&eacute;n por eso debo estar agradecido.<br /><br />El dolor ha disminuido un poco. Podr&iacute;a decir que casi nada. Debo seguir siendo paciente, pues me advirtieron que podr&iacute;a tomar hasta cuatro d&iacute;as para que comience a disminuir perceptiblemente.<br /><br />La dieta l&iacute;quida que me han prescrito, me ha costado demasiado trabajo. Debo confesar que no la he respetado. El hambre me ha vencido y adem&aacute;s, las medicinas que me recetaron son sumamente fuertes. Tomarlas mientras me alimento solo de consom&eacute; y gelatina es lo mismo que nada. No s&eacute; qu&eacute; tanto consumir algo de alimentos s&oacute;lidos est&eacute; contribuyendo a que el dolor no ceda. Veremos qu&eacute; sucede en estos d&iacute;as por venir.<br /></div>]]></content:encoded></item><item><title><![CDATA[De Vuelta al Hospital]]></title><link><![CDATA[https://www.semillasparalavida.org/diario/february-28th-2026]]></link><comments><![CDATA[https://www.semillasparalavida.org/diario/february-28th-2026#comments]]></comments><pubDate>Sat, 28 Feb 2026 08:21:27 GMT</pubDate><category><![CDATA[Uncategorized]]></category><guid isPermaLink="false">https://www.semillasparalavida.org/diario/february-28th-2026</guid><description><![CDATA[Ha ca&iacute;do la tarde. Despu&eacute;s de cuatro meses, el dolor vuelve repentinamente. Aumenta con rapidez. Una hora despu&eacute;s, comienzo a preocuparme.Han pasado tres horas y el dolor comienza a volverse intolerable.&mdash;No es por preocuparte, pero el dolor ha regresado y es bastante. Creo que es muy posible que tenga que volver al hospital y no puedo conducir as&iacute;. Necesitar&eacute; que me lleves.&mdash;&iexcl;Qu&eacute; bueno! &iexcl;As&iacute; no voy a trabajar ma&ntilde;ana!N [...] ]]></description><content:encoded><![CDATA[<div class="paragraph">Ha ca&iacute;do la tarde. Despu&eacute;s de cuatro meses, el dolor vuelve repentinamente. Aumenta con rapidez. Una hora despu&eacute;s, comienzo a preocuparme.<br /><br />Han pasado tres horas y el dolor comienza a volverse intolerable.<br /><br />&mdash;No es por preocuparte, pero el dolor ha regresado y es bastante. Creo que es muy posible que tenga que volver al hospital y no puedo conducir as&iacute;. Necesitar&eacute; que me lleves.<br /><br />&mdash;&iexcl;Qu&eacute; bueno! &iexcl;As&iacute; no voy a trabajar ma&ntilde;ana!<br /><br />No esperaba esa respuesta. De pronto, una profunda sensaci&oacute;n de soledad se apodera de m&iacute;. Al menos mi enfermedad ser&aacute; de beneficio para alguien m&aacute;s.<br /><br />Una parte de mi mente me dice que es necesario ir al hospital. La otra, intenta disuadirme. Cada hospitalizaci&oacute;n es costosa. L&aacute; &uacute;ltima sali&oacute; en $12,000 d&oacute;lares.<br /><br />Las otras veces que he ido al hospital, lo he hecho sin temor. Tan solo con el prop&oacute;sito de ser atendido para resolver la siguiente de mis crisis. Pero esta vez es distinto. Siento miedo.&nbsp;Estas &uacute;ltimas tres semanas he recibido noticias devastadoras. Amigos muy cercanos han sido diagnosticados de distintos tipos de c&aacute;ncer terminales y para colmo, no les queda mucho tiempo. De alguna forma, me inquieta ser el siguiente en tener que dar a los dem&aacute;s una mala noticia.<br /><br />Hay quien se sorprende y me reprocha cuando expreso alg&uacute;n temor por mis enfermedades. Me cuestionan si acaso no tengo fe y m&aacute;s yo, que dedico gran parte de mi vida a hablar y escribir acerca de la fe cat&oacute;lica. Se nota que no conocen bien de nuestra fe. No est&aacute; peleada con el miedo. Jes&uacute;s mismo sinti&oacute; miedo en el huerto de los olivos.<br /><br />Decido esperar y ver si el dolor baja por s&iacute; solo. La l&oacute;gica me dice que esto no suceder&aacute;. Pero siempre queda espacio para un poco de esperanza.<br /><br />El dolor es tal, que no puedo dormir toda la noche. Al amanecer, todav&iacute;a de madrugada, aviso en mi trabajo que no me siento bien y que me ver&eacute; a forzado a ausentarme.<br /><br />Paso el d&iacute;a en cama, porque no me queda de otra. Y me siento intranquilo, como si me estuviera perdiendo de la vida que sucede all&aacute; afuera. Incluso, me viene un absurdo sentimiento de culpa por estar en cama dejando de cumplir con mis obligaciones.<br /><br />Me vienen recuerdos de mi infancia. Cuando ca&iacute;a enfermo y faltaba a la escuela, ten&iacute;a esos dos mismos sentimientos. Sent&iacute;a que me estaba perdiendo de la vida de all&aacute; afuera. Me preguntaba qu&eacute; estar&iacute;an aprendiendo mis compa&ntilde;eros en clase, c&oacute;mo armar&iacute;an los equipos de futbol o de tochito en el recreo y sent&iacute;a un poco de culpa por estar en cama en vez de estar cumpliendo en el sal&oacute;n de clases.&nbsp;<br /><br />A la distancia, creo que ese sentimiento de culpa surg&iacute;a del reproche que me hac&iacute;a mi pap&aacute; cada vez que me enfermaba. &Eacute;l supon&iacute;a que fing&iacute;a mis dolencias como un pretexto para no ir a la escuela. Sobra decir que a &eacute;l solo una vez en la vida lo vi ausentarse al trabajo, cayendo en cama con un fort&iacute;simo resfriado.<br /><br />Siempre que faltaba a clases, mi mam&aacute; cruzaba la calle y me compraba en el puesto de revistas de la esquina una historieta para que no me aburriera en la cama. Algunas veces me compraba un Archi, o La Peque&ntilde;a Lul&uacute; o alguna de las series de Disney.&nbsp;<br /><br />No es coincidencia que a la fecha, sigo comprando historietas en una librer&iacute;a de viejo que est&aacute; cerca de mi casa y las guardo en una repisa cerca de mi cama. As&iacute;, puedo aprovecharlas cuando me veo forzado a guardar cama como esta vez. O al menos eso pensar&iacute;a, pues esta vez el dolor es tan fuerte que me resulta imposible leer nada. Es tan dif&iacute;cil encontrar una postura en la que el dolor desaparezca que no hay manera de sostener un libro, mi Kindle o una de mis historietas. Adem&aacute;s, la falta de sue&ntilde;o de anoche acaba por vencerme y duermo varias horas durante el d&iacute;a.<br /><br />Vuelve a caer la tarde y el dolor es ahora m&aacute;s extremo. Respirar hondo lo exacerba. Por la noche, decido ir al hospital tan pronto amanezca. No puedo conducir en estas condiciones, pero no quiero dar molestias a los dem&aacute;s, que est&aacute;n dormidos.<br /><br />Llega la ma&ntilde;ana y con ella, lo inevitable. Con trabajos me doy un ba&ntilde;o y me afeito para alistarme. Elijo de mi armario prendas que puedo ponerme y quitarme sin tanto dolor, sabiendo que en el hospital habr&eacute; de cambiarlas por una de esas infames batas que arrebatan la dignidad a los enfermos.<br /><br />Haciendo un gran esfuerzo bajo los tres pisos y subo al auto. En la posici&oacute;n sedente, el dolor llega a su m&aacute;ximo. Por fortuna, el traslado al hospital es corto. Apenas 2 Km.<br /><br />Entro al hospital con mucho trabajo. Cada paso siento que el dolor va a reventar. Tras registrarme en el mostrador de la sala de emergencias, un guardia de seguridad me llama a su m&oacute;dulo. Es dif&iacute;cil moverme y me hace ir all&aacute; en lugar de venir &eacute;l conmigo. Quiere revisar mi mochila porque, seg&uacute;n &eacute;l, su sofisticado sistema de seguridad ha detectado la posibilidad de que porte un arma escondida.<br /><br />Semejante disparate me altera. Es dif&iacute;cil mantener la calma cuando apenas puede uno moverse porque hasta respirar duele y que le salgan a uno con eso de la nada. Con esfuerzo abro mi mochila y le muestro que solo traigo un Kindle y un par de pantalones cortos de algod&oacute;n. Le exijo una explicaci&oacute;n de sus sospechas. Por supuesto, no me las da.&nbsp;<br /><br />Sale un enfermero y me llama. El mismo que me ha recibido las dos veces pasadas. Un tipo apresurado que se olvida de que los pacientes que llegan a la sala de emergencia apenas pueden moverse. Avanza con rapidez por los pasillos hacia mi cuarto, volteando a verme una y otra vez como pretendiendo que acelere mi paso. Por tercera vez le recuerdo que no me puedo mover por el dolor y le recuerdo que en otras veces le he pedido que tenga paciencia. Se disculpa como aquellas veces anteriores, sin la menor sinceridad.<br /><br />Al entrar al cuarto ya hay tres enfermeros esper&aacute;ndome. Uno me da la bata infame y me pide que me quite todo y me la ponga. Pero vengo preparado con mis shorts de algod&oacute;n en mi mochila. No estoy dispuesto a perder la dignidad entera.<br /><br />Mientras me cambio trabajosamente, me interrogan pidiendo los datos de siempre, como si ayudaran a diagnosticar la causa de mis males: estatura, color de ojos, peso y edad. Me preguntan adem&aacute;s si me he sentido en riesgo en casa.<br /><br />Al tiempo que me conectan toda suerte de monitores, como es de rigor una enfermera me limpia el brazo con alcohol y me ensarta una aguja. La necesitan all&iacute; para sacar sangre e inyectarme lo que sea necesario. La enfermera es muy amable. Me dice que pronto entrar&aacute; el m&eacute;dico. Mientras, toma una muestra de sangre.<br /><br />Me da luego un analg&eacute;sico, advirti&eacute;ndome que no me quitar&aacute; el dolor, pero tal vez lo disminuya un poco. Tiempo despu&eacute;s comprobar&eacute; que no habr&aacute; de surtir efecto alguno.<br /><br />El m&eacute;dico entra por fin. Un galeno joven sumamente amable y cort&eacute;s. Hasta parece de los de la vieja guardia. De aquellos que s&iacute; hac&iacute;an el juramento hipocr&aacute;tico. Tras escuchar mi explicaci&oacute;n y hacer una exploraci&oacute;n manual, me dice que ser&aacute; necesaria una tomograf&iacute;a computarizada para ver qu&eacute; tan mal me encuentro y si acaso ser&aacute; necesario operar.<br /><br />Tras otro rato de espera, entra el radi&oacute;logo, me desconecta de todos los monitores, me confisca el tel&eacute;fono y me lleva en mi camilla por los pasillos hasta el departamento de radiolog&iacute;a. Veo pasar el techo y las l&aacute;mparas encendidas con una tenue luz.<br /><br />El radi&oacute;logo me hace recostar en la camilla y me advierte que el medio de contraste me quemar&aacute; todo el interior. Ya lo he vivido y no es nada agradable. Adem&aacute;s de quemar, causa la sensaci&oacute;n de que va uno a sufrir un accidente de esos que le ocurren a un ni&ntilde;o de 2 a&ntilde;os que acaba de beberse medio litro de limonada. Me advierte que eso sentir&eacute;, pero que no ocurrir&aacute; percance alguno. Ya solo eso faltaba.<br /><br />Para serenarme, comienzo a rezar la oraci&oacute;n del coraz&oacute;n. El medio de contraste comienza a quemar la vena de mi brazo. Instantes despu&eacute;s quema mi garganta, luego todo mi t&oacute;rax y al final mi cuerpo entero. El ardor interno es intenso.<br /><br />Yo sigo rezando la oraci&oacute;n del coraz&oacute;n y ofreciendo el malestar por mis amigos que est&aacute;n enfermos. Una grabadora me indica que respire hondo, que contenga el aire y que no me mueva&hellip;. Luego, que exhale y descanse. Se repite la rutina dos veces m&aacute;s.<br /><br />El radi&oacute;logo me dice que es todo y el hirviente ardor interno desaparece de s&uacute;bito.<br /><br />De vuelta en el cuarto, la enfermera me pregunta si el dolor ha disminuido. Negativo.<br /><br />Consulta con el doctor y regresa con una pastilla y una inyecci&oacute;n. Tomo la pastilla. Es la primera dosis de un antibi&oacute;tico. Al ver que me inyecta, me da curiosidad y le pregunto qu&eacute; me est&aacute; administrando. Me dice como si nada que es fentanilo. Mi mente vuela de inmediato a las calles donde trabajo y los cientos de indigentes adictos a lo mismo. Me advierte que comenzar&aacute; a hacer efecto muy pronto.<br /><br />Y as&iacute; es. Apenas se pone ella de pie, siento los p&aacute;rpados muy pesados. No alcanzo siquiera a verla salir del cuarto.<br /><br />No s&eacute; cu&aacute;nto tiempo me duermo, pero deben ser solo unos minutos. El dolor mismo me vuelve a despertar. Sigue ah&iacute; con terquedad y no est&aacute; dispuesto siquiera a disminuir. Me siento atontado y adormilado y permanezco as&iacute; largo rato.<br /><br />Entra el doctor y me pregunta c&oacute;mo me siento. Le digo que igual que cuando llegu&eacute;, si no es que incluso un poco m&aacute;s mal, pese a los analg&eacute;sicos y al fentanilo.<br /><br />Un gran problema que siempre he tenido es que los analg&eacute;sicos rara vez me hacen efecto, incluyendo los anest&eacute;sicos. Por lo mismo, cuando me han hecho algunas endodoncias, me han tenido que reaplicar anestesia a medio procedimiento, porque pierde su efecto a esas alturas. Y en las cirug&iacute;as que he tenido, este ha sido un aspecto que los anestesi&oacute;logos han tenido que vigilar con m&aacute;s cuidado que de ordinario.<br /><br />El m&eacute;dico, siempre amable, me ofrece dos noticias. Exacto: una buena y una mala. La buena es que no tienen que operarme en ese momento. La mala es que esto no es sencillo y el dolor comenzar&aacute; a disminuir en tres o cuatro d&iacute;as.&nbsp;<br /><br />Tendr&eacute; que ser paciente. Por lo pronto, el dolor no amaina ni tantito. Al menos he podido encontrar la forma de tomar un teclado y escribir esta nota que, por cierto, me olvid&eacute; de dedicar al comenzar a escribirla. Como dictan los c&aacute;nones, deb&iacute; iniciar con el famoso &ldquo;Querido Diario:&rdquo;.<br />&#8203;<br /><br /><br /><br /><br />&#8203;</div>]]></content:encoded></item></channel></rss>