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Querido Diario:
Algo bueno traen consigo las enfermedades. Nos ayudan a recordar que hay gente buena. Esos que apenas se enteran de que está alguien enfermo y al instante se hacen presentes expresando su preocupación y su cariño. No llevaba una hora en el hospital y ya había recibido dos mensajes. Con las horas, fueron más. No hay forma de pagar tanto cariño más que correspondiéndolo. Creo que quienes me lo han mostrado, también lo han sentido de parte mía con el tiempo. La convalecencia en casa me está resultando extraña. El descanso forzado me está sacando por completo de mi realidad cotidiana. Pasar el día viendo la televisión me resulta algo tan extraño a estas alturas de mi vida, que incluso me aburre demasiado pronto. Preferiría estar haciendo lo que más me gusta, pero me es imposible por ahora. Hoy recibí las primeras copias impresas de mi nuevo libro sobre la Cuaresma. Siempre es emocionante tomar un libro nuevo entre las manos, hojearlo y percibir su fresco aroma a tinta y a papel. Es un placer que pocos podemos gozar y también por eso debo estar agradecido. El dolor ha disminuido un poco. Podría decir que casi nada. Debo seguir siendo paciente, pues me advirtieron que podría tomar hasta cuatro días para que comience a disminuir perceptiblemente. La dieta líquida que me han prescrito me costado demasiado trabajo. Debo confesar que no la he respetado. El hambre me ha vencido y además, las medicinas que me recetaron son sumamente fuertes. Tomarlas mientras me alimento solo de consomé y gelatina es lo mismo que nada. No sé qué tanto consumir algo de alimentos sólidos esté contribuyendo a que el dolor no ceda. Veremos qué sucede en estos días por venir.
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AutorAlguien que escribe sus pasares y sus pesares como terapia personal. Archivos
Mayo 2026
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