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Querido Diario:
Ya es domingo y no siento mejoría alguna todavía. La noche fue terrible. Por lo mismo, no puedo asistir a Misa este día. Es un domingo especial, la Transfiguración del segundo domingo de Cuaresma. Mi esposa tiene ilusión de que venga con ellos a Misa, seguramente para pedir al sacerdote al final que nos dé una bendición, pues nuestro aniversario fue el viernes y lo pasamos en el hospital. Ya son 27 años. ¿Cuántos más nos quedarán? Nuestros hijos tenían la ilusión de invitarnos a cenar a un restaurante desde el viernes, pero ha sido imposible. Así que lo resuelven yendo a Olive Garden y traen los platillos a casa para celebrar. Tardan en servirles y cuando llegan a casa, se mueren de hambre ellos y su mamá. A mí me cuesta moverme. Siendo una comida de aniversario, me pongo un blazer. Quiero tomar una foto pero el hambre de los demás se ha convertido ya en mal humor y no les agrada tener que esperar a que encuentre mi teléfono. Los tres comen de prisa y sin conversar. El festejo se ha convertido en una comida para matar el hambre. Yo siento como si una basurita se hubiera metido en mi ánimo. Pero bueno, así es la vida familiar y celebrar un aniversario pretendiendo desterrarla es imposible. Paso la tarde una vez más desperdiciándola viendo la TV. En realidad, ni la miro. Solo reposo en un sillón intentando encontrar la postura en que el dolor sea menor. Espero que esta noche sea mejor y que mañana pueda volver a trabajar, aunque lo haré sin duda, desde la casa. Todavía no puedo conducir ni creo aguantar el largo trayecto en posición sedente.
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AutorAlguien que escribe sus pasares y sus pesares como terapia personal. Archivos
Mayo 2026
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