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.

ORACIÓN EN FAMILIA
PARA DAR GRACIAS A DIOS POR EL AÑO QUE TERMINA
Y PEDIR SU BENDICIÓN PARA EL AÑO QUE ESTÁ POR COMENZAR

INVOCACIÓN

C. Dios mío, ven en mi auxilio.

Todos trazan la señal de la cruz mientras responden.
Señor, date prisa en socorrerme.

Todos: Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo
como era en el principio, ahora y siempre
por los siglos de los siglos. Amén.

I. PREPARACIÓN

Sentados.
Comienza leyendo quien preside la celebración y los participantes continúan por turnos.

Esta oración en familia, es el soplo del Espíritu de Dios, que nos lanza a la búsqueda de nuevos caminos para integrar nuestras vidas en lo humano y en lo divino.

El tiempo es el espacio en que Dios viene a nosotros, y en el que el nosotros podemos descubrir a Dios.

Hagamos del tiempo un camino en el Espíritu para lograr la transformación de nuestra pasividad en actividad; de nuestra sequedad, en gozo. Y así la vida no termine en naufragio, sino en última ofrenda que nos abra el puerto de la seguridad: Dios.

II. ANTÍFONA Sal 27,14

De pie. Todos dicen juntos.
Espera en el Señor y sé fuerte;
ten ánimo y confía en el Señor.

III. ORACIÓN INICIAL

El que preside, con las manos juntas dice:

Dios todopoderoso y eterno,
ardiente deseo del corazón humano,
mira con bondad a esta familia
para que, unidos a Cristo, roca de salvación,
podamos llegar con alegría
a la meta de la bendita esperanza.

Por Cristo, nuestro Señor.
Todos. Amén.

IV. HIMNO - TE DEUM

Se reza el himno a dos coros, alternando cada renglón.

1. A ti, oh Dios, te alabamos,
2. a ti, Señor, te reconocemos.

1. A ti, eterno Padre,
2. te venera toda la creación.


1. Los ángeles todos,
2. los cielos y todas las potestades te honran.


1. Los querubines y serafines
2. te cantan sin cesar:


1. Santo, Santo, Santo es el Señor,
2. Dios del universo.


1. Los cielos y la tierra están llenos
2. de majestad de tu gloria.


1. A ti te ensalza el glorioso coro de los Apóstoles,
2. la multitud admirable de los profetas, el blanco ejército de los mártires.


1. A ti la Iglesia santa, extendida por toda la tierra, te proclama:
2. Padre de inmensa majestad,


1. Hijo único y verdadero, digno de adoración,
2. Espíritu Santo, defensor.


1. Tú eres el Rey de la gloria, Cristo.
2. Tú eres el Hijo único del Padre.


1. Tú, para liberar al hombre, aceptaste la condición humana
2. sin desdeñar el seno de la Virgen.


1. Tú, rotas las cadenas de la muerte,
2. abriste a los creyentes el Reino del Cielo.


1. Tú te sientas a la derecha de Dios en la gloria del Padre.
2. Creemos que un día has de venir como juez.

1. Te rogamos, pues, que vengas en ayuda de tus siervos,
2. a quienes redimiste con tu preciosa Sangre.


1. Haz que en la gloria eterna
2. nos asociemos a tus santos.


Celebrante. Salva a tu pueblo, Señor, y bendice tu heredad.
Todos. Sé su pastor y ensálzalo eternamente.

C. Día tras día te bendecimos.
T. Y alabamos tu nombre para siempre,
por eternidad de eternidades.


C. Dígnate, Señor, en este día guardarnos del pecado.
T. Ten piedad de nosotros, Señor, ten piedad de nosotros.


C. Que tu misericordia, Señor,
venga sobre nosotros, como lo esperamos de ti.

T. En ti, Señor, confié.
No me veré defraudado para siempre.

V. PRIMERA MEDITACIÓN

Sentados
Cada participante lee un párrafo a la vez.


Esta noche llegamos al ocaso de un año más que termina en nuestras vidas.

Qué alegría el poder estar juntos, en familia, para celebrar la terminación de un año más, que aunque conlleve tristezas y alegrías, fracasos y aciertos, lo cierto es que por doce largos meses hemos encontrado la presencia de Dios en nuestras vidas.

Como punto de llegada al término de este año, recordemos los gratos momentos que nos ha tocado vivir.
Tantos momentos de alegría que pasaron tan fugaces, y que hubiéramos querido que seprolongaran. Esos momentos los debemos a la mano amorosa de nuestro Padre Dios.

Como punto de llegada al término de este año, recordemos también los largos momentos de angustia y desesperación. Esos días que parecían no tener término, y en que la incertidumbre nublaba toda posibilidad de ver la luz.

También en esos momentos fue que sentimos la presencia de Dios, pues la aceptación de nuestra limitada realidad nos hizo buscarlo más, y acercarnos más a él.

Como punto de llegada al término de este año, recordemos nuestros grandes aciertos, aquellas buenas decisiones que nos hicieron crecer y ser mejores, y que nos abrieron las puertas de nuevas oportunidades.
Detrás de nuestras buenas decisiones, siempre estuvo soplando el Espíritu de Dios.

Como punto de llegada al término de este año, pensemos también en nuestros grandes errores.Aquellas veces en que fallamos en nuestro juicio, en que fuimos presa de nuestra fragilidad y traicionamos los más sagrados valores hiriendo a los demás a nuestro paso y anteponiendo nuestra soberbia sobre la humildad.
Incluso en esos momentos estuvo Dios presente, aguardando con los brazos abiertos nuestro retorno, y saliendo a nuestro encuentro al vernos volver.

Al terminar este año, pensemos en todas las cosas que concretamos. Todos esos anhelos, sueños y metas legítimas que pudimos culminar. Aquellos grandes logros en que pusimos todo nuestro empeño.

Esta fuerza interna nos vino de Dios, y que su recuerdo nos sirva al final de este año como ganancia de buena cosecha, y estímulo para el porvenir.

Al terminar este año, pensemos también en todo aquello que dejamos pendiente. Esos anhelos que se
quedaron detrás: tal vez un empleo, o quizás un ascenso, el perdón a un ser querido y la posibilidad
de estar juntos esta noche, como en otros años.

Como punto de llegada al término de este año, recordemos cómo Dios ha estado ahí, presente en cada momento de nuestra vida, bueno o malo, y que este recuerdo nos aliente para traer al año siguiente este bagaje de pendientes, los cuales podremos concretar si somos conscientes de la presencia de Dios en nuestras vidas.

Como punto de llegada, reconozcamos las veces en que Dios también se ha hecho presente en nuestras
vidas a través de personas que, sin ser de nuestra familia, nos brindaron amistad, cariño, apoyo, consejo y presencia.

En una palabra, este año se terminó, como un abrir y cerrar de ojos.

Digamos adiós al año 2025 y que al recordar la amargura de sus días, seamos conscientes de que nada podemos solos, y de que necesitamos a Dios en nuestras vidas.

Digamos adiós al año 2025, y que el recuerdo de los gratos momentos, metas alcanzadas, y grandes
aciertos, nos sirva como un estímulo para iniciar confiados el nuevo año.

Digamos adiós al año 2025, dándole gracias a Dios por permitir estar juntos para despedir este año.

Caminemos confiados por la vida, que Dios está presente, ahí a nuestro lado, siempre en nuestras vidas.

¡Adiós, año 2025!

VI. RESPONSORIO BREVE

Celebrante. En tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu.
Todos. En tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu.

C. Solo él hizo maravillas.
T. Te encomiendo mi espíritu.

C. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
​T. En tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu.

VII. HIMNO PARA EL AÑO NUEVO

Todos leen a una sola voz:

Dejado ya de lado el año viejo
despierto en la alegría de tu amor.
Concédeme tu luz que me ilumine
como ilumina el sol.

No sé lo que será del año nuevo
que entre luces y sombras viviré,
pero sé que, si tú vienes conmigo,
no fallará mi fe.

Tal vez me esperen horas de desierto
amargas y sedientas, mas yo sé que,
si vienes conmigo de camino,
jamás yo tendré sed.

Concédeme vivir el año nuevo
en paz con mis hermanos y mi Dios,
al sentarnos los dos para la cena,
párteme el pan, Señor.
​

Recibe, Padre santo, nuestro ruego,
acoge por tu Hijo la oración
que fluye del Espíritu en el alma
​que sabe de tu amor. Amén.

VIII. LECTURA BÍBLICA
Que el Señor te bendiga y te proteja.
​
Núm 6,22-27

El Señor dijo a Moisés:
Habla en estos términos a Aarón y a sus hijos: Así bendecirán a los israelitas. Ustedes les dirán:
Que el Señor te bendiga y te proteja.
Que el Señor haga brillar su rostro sobre ti y muestre su gracia.
Que el Señor te descubra su rostro y te conceda la paz.
Que ellos invoquen mi Nombre sobre los israelitas, y yo los bendeciré.

Al final, no se dice la albanza "Palabra de Dios. Te alabamos, Señor."

IX. SEGUNDA MEDITACIÓN

Cada participante lee un párrafo.

Estamos a la puerta de un Año Nuevo 2026. El velo se descorre y vislumbramos un futuro que se torna incierto.

Comenzamos con la ilusión de que este año sea mejor, de que los enfermos recuperen la salud, de que los empleos vayan mejor y de que superemos los problemas que nos agobian.

Iniciamos también con el sincero deseo de poder ser mejores en la vida: Mejores esposos, mejores hijos, mejores hermanos, mejores amigos. En una palabra, mejores hijos de Dios.

Como punto de partida, en este año que empieza hagámonos el firme propósito de mantener viva nuestra fe, confiando siempre en el Señor.

Nuestras metas, nuestros anhelos, nuestros buenos propósitos sólo serán concretados si confiamos en Aquel que un día, de la nada, nos creó y nos colocó en este mundo.

Nuestros miedos, nuestra angustia, nuestro dolor, solo serán disipados si confiamos totalmente en Aquel que colgó de una cruz por nosotros.

La incertidumbre que cubre como un velo los días por venir de este nuevo año, al caer solo dejará ver bienaventuranza si confiamos en Aquel que nunca ha cesado de bendecirnos.

Todos: Espera en el Señor y sé fuerte; ten ánimo y confía al Señor.

Cada participante lee un párrafo.

Porque Dios siempre ha estado en nuestras vidas. Invisible, pero actuante. Silencioso, pero amoroso.

Dios nos ha bendecido a manos llenas hasta hoy, y no hay motivo para no seguir haciéndolo este año que comienza. Tan grande es Su amor…

Dios nos bendice siempre. A cambio, nos pide tener fe, es decir, confiar en Él.

Tengamos confianza sabiendo que si Dios nos dio la vida, es porque nos ama.


Tengamos confianza, sabiendo que Dios nos sostiene en los momentos de enfermedad.

Tengamos confianza en vez de sentir miedo, sabiendo que el Señor siempre nos ha mantenido a salvo.

Tengamos confianza cuando sintamos que no avanzamos, recordando que Dios que siempre nos tiende su mano cuando nos atascamos en el fango.

Tengamos confianza cuando le fallemos a Dios y a quienes más amamos, sabiendo que Dios siempre nos ha perdonado sin pedirnos jamás explicación alguna.

Tengamos confianza si llegamos a temer que algo necesario nos llegue a hacer falta, reconociendo que Dios que siempre ha puesto el pan en nuestra mesa.

Tengamos confianza si nos invade el temor de no volver a vernos, recordando que Dios siempre nos mantiene unidos, a veces incluso a pesar de nosotros mismos.

Tengamos confianza cuando nos sintamos tristes, recordando que Dios sabe secar nuestras lágrimas en las noches largas y angustiosas.


Ahora, quizás más que nunca, necesitamos tener confianza. En los albores del Año Nuevo, abramos nuestro corazón y comencemos a vivir otro año con un espíritu renovado.

Pidámosle a Dios que nos conceda paciencia y fortaleza al cargar las cruces que inevitablemente habremos de cargar este año que comienza.

Pidámosle que si acaso alguna de esas cruces nos resulta muy pesada y llega a derribarnos, envíe cuanto antes en nuestro rescate el consuelo de una Verónica y las manos de un cirineo que nos ayuden a llevar la cruz hasta el final.

Recorramos los doce meses de este 2026 tomados de la mano de Dios, con todo el corazón, con toda el alma y con todas nuestras fuerzas.

Todos: Mantengamos viva la confianza, creamos en Dios y creámosle a Dios. Creamos que nos cuida, nos sostiene y nos ama.

Cada participante lee un párrafo.

Vivamos este nuevo año con el entusiasmo de los que se saben Hijos de Dios, confiados en que su mano providente no dejará de brindarnos lo que necesitamos en nuestras vidas.

Pero al mismo tiempo, respondamos con el compromiso de los que se reconocen Hijos de Dios, agradecidos por su bondad, pero también coherentes en nuestros valores con las enseñanzas de Aquel que, despojándose de su divinidad, se hizo hombre y murió en una cruz para salvarnos.

Como punto de partida, en este año que comienza, que nadie claudique. Hagamos una tregua y lancémonos a la conquista de una nueva vida, movidos por el Espíritu Santo que nos inspira a ser valientes, y confiar siempre en el Señor.

Pero al mismo tiempo, reconozcámonos frágiles y vulnerables, y recordemos cada día que necesitamos de Dios, que sin Él nada podemos hacer, y acojámonos a sus manos bondadosas con todo el corazón, con toda el alma y con todas nuestras fuerzas.

Pidámosle, finalmente, que a lo largo de este año 2026 infunda su Espíritu Santo sobre nosotros, para que podamos abrirle el camino y nos prepare para nuestro encuentro definitivo con Él en los últimos tiempos.

Vivamos pues este Año Nuevo siempre confiando en el Señor:

Todos: Mantengamos viva la confianza, creamos en Dios y creámosle a Dios. Creamos que nos cuida, que nos sostiene y que nos ama.

C. Que Dios nos bendiga en este Año Nuevo que comienza.


X. PRECES

Todos se ponen de pie.
C. Dirijamos nuestra oración al Padre, que en Cristo abre a todos los hombres las puertas de la esperanza y de la vida.

Mantén viva, Señor, nuestra confianza en ti.

-Concédenos, Señor, consagrar el principio de este año nuevo y haz que todo lo que realicemos durante cada uno de sus días, te sea agradable.


Mantén viva, Señor, nuestra confianza en ti.

-Haz que a lo largo de este año, sepamos descubrirte a ti en todos nuestros hermanos, sobre todo en los tristes, en los más pobres, y en los que son menos útiles a los ojos del mundo.

Mantén viva, Señor, nuestra confianza en ti.

-Tú que para aumentar nuestra alegría a afianzar nuestra salvación nos das el año nuevo, signo de tu
amor, renuévanos hoy y siempre para la gloria de tu nombre.

Mantén viva, Señor, nuestra confianza en ti.

-Haz que durante este año estemos en paz con todo el mundo y que a nadie devolvamos mal por mal.

Mantén viva, Señor, nuestra confianza en ti.

-Concédenos este año, la gracia de un corazón bondadoso, fiel reflejo de la luz de tu divino amor, que sea capaz de perdonar, comprender y brindar una nueva oportunidad a aquellos que han tropezado como causa de su humana debilidad.

Mantén viva, Señor, nuestra confianza en ti.

Se pueden agregar peticiones personales.

XI. ORACIÓN DEL SEÑOR

El que preside invita a todos a rezar juntos:
Con el deseo de que la luz de Cristo ilumine a todos los hombres y que su amor se extienda por toda la tierra, pidamos al Padre que su reino venga a nosotros:
​

Padre nuestro,
que estás en el cielo,
santificado sea tu Nombre;
venga a nosotros tu reino;
hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día;
perdona nuestras ofensas,
como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden;
no nos dejes caer en la tentación,
​y líbranos del mal.
​Amén.


XII. ORACIÓN FINAL

 El que preside dice:
Oremos.
Con las manos juntas, continúa:
Oh Padre, que acompañas
y sostienes siempre a tu Iglesia peregrina en el mundo,
despierta con la luz y la fuerza de tu Espíritu,
una esperanza viva en nosotros,
para que aprendamos a reconocer los signos de tu presencia
en los acontecimientos de la historia
y en los devenires de nuestra vida.

Por Cristo nuestro Señor.
Todos responden:
Amén.

XIII. BENDICIÓN

C. Que el Señor todopoderoso nos libre de todo mal
y nos lleve a la vida eterna.

T. Amén.
​

C. Y que la bendición de Dios, + Padre, + Hijo
y + Espíritu Santo descienda sobre nosotros
y permanezca para siempre.

T. Amén.

Esta oración ha sido compuesta por Mauricio I. Pérez para rezar en familia en la Noche Vieja y es compartida con todas las familias que deseen tener en su cena de Año Nuevo un momento familiar encomendándose juntos al Señor.
​
​

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